domingo, 6 de julio de 2014

La noche...

(Ilustración de Victoria Assanelli)


Pero tal vez más impresionante y misteriosa que la neblina era la noche. Quien no haya vivido las noches en el campo es muy difícil que pueda tener una idea completa del esplendor del mundo y, sobre todo, de su misterio. La noche no solamente era un espacio infinito que se desarrollaba en lo alto; la noche en el campo donde yo me crié (ese campo ya desaparecido y que sólo está en estas memorias) era también un espacio sonoro; una descomunal y mágica orquesta que retumbaba por todos los sitios con una gama de infinitos tintineos. Y el cielo no era un resplandor fijo, sino un incesante fulgor de matices cambiantes, rayas luminosas, estrellas que estallaban y desaparecían (después de haber existido por millones de años) sólo para que nosotros quedáramos extasiados unos segundos. ("Antes que anochezca", Reinaldo Arenas)


2 comentarios:

raúl dijo...

wow! esplendorosa, la noche, la imagen y la canción.

sylvia dijo...

:-)