domingo, 19 de enero de 2014

De Josefa Tolrà, la médium y artista del Maresme

 (Imágenes extraídas del blog dedicado a J. Tolrà)

Fueron el poeta Joan Brossa, el escultor Moisès Villèlia, el pintor Antoni Tàpies, o miembros del Club 49, como Alexandre Cirici, durante los primeros años cincuenta del siglo pasado, algunos de los primeros en valorar los dibujos sorprendentes de Josefa Tolrà que eran realizados en estado de tránsito mediúmnico y le eran dictados por los que ella llamaba sus hermanos de luz. Entre los años 1942 y 1959, Tolrà realizó más de un centenar de dibujos, con los que nunca comercializó, que regalaba entre sus visitantes y conocidos.(La Vanguardia)

La verdad es que de un tiempo a esta parte suelo comprar La Vanguardia el día que publica su suplemento Culturas, pero esta semana no lo hice. Se me olvidó. Esas cosas que pasan...pero al día siguiente, vi el suplemento tirado en una panadería.

No lo cogí, pero miré de reojo su portada. Estaba dedicada a una tal Josefa Tolrà y la imagen que ocupaba la portada me llamó mucho la atención. Tenía una belleza extraña que me atrapó totalmente.
Al llegar a casa busqué ese apellido con el que me había quedado y descubrí todo un personaje y un blog dedicado a ella.


Descubrí así que se está haciendo una exposición en Mataró de su obra, en Can Palauet y que allí se encuentran algunos cuadros cedidos por el Reina Sofía de Madrid. Copio este texto de Irina Mutt extraído de este blog:


La Pepeta era una payesa de Cabrils. Apenas sabía leer y escribir. Una mujer que ya mayor, perdió a sus dos hijos en la guerra civil. La pena de que la precediera la muerte de sus hijos fue la de una madre en estos casos; enorme y para siempre. Pero su proceso para apaciguar el dolor fue místico, artístico y libertario.
Místico porqué empezó a recibir mensajes y ver imágenes del más allá, un universo o realidad paralelos. A la manera de las místicas medievales; si no tienes acceso a los textos sagrados, lo divino aparece en la naturaleza y la comunicación se establece a través del propio cuerpo.
Artístico porque lo dibujaba: seres de ojos enormes vestidos con estampados alucinados, escenas de la historia o la biblia interpretadas con sensualidad y repletas de frutos y flores. A veces, las imágenes pedían ser bordadas.


Y en esta producción de imágenes lo que contaba era el mismo proceso de explicar lo que no se puede comprender a través de símbolos reconocibles para el común de los mortales. Caras, ojos y manos, paisajes y animales que vibran en otra sintonía, pero siguen siendo contingentes, narran historias.
ambién todo ello tenía un tono libertario, porque no tenia más intención que lo filantrópico. A menudo escribía en sus dibujos mensajes de hermandad, y sus dotes como médium servían para ayudar a la gente de su pueblo y entorno. Y porque se salta cualquier jerarquía; ni instituciones religiosas mediando en lo espiritual, ni academia artística para validar su obra. Una versión suavizada y panteísta del ’’ni dios ni amo’’ anarquista, esta vez encarnado por una mujer pobre, sin estudios y rural.
Ser médium, dibujar y tejer, sin más, siendo mujer, mayor, de pueblo y en la posguerra. Según como la cuentas, la historia de la Pepeta, puede parecer naif, increíble, sin más fundamentos que la obra producida y las historias orales que sus descendientes aún recuerdan.
Aunque toda historia nos puede servir para plantear quién la cuenta, dónde se gestiona y guarda el conocimiento y como se convierte este en verdad. Tal vez, lo importante sea que no hay tal verdad, o que quien la conoce, no puede decirla, solo estar en ella.
 

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