De Trabajos forzados...



Ya sea porque buscaban hacerse ricos, o tal vez simplemente para sobrevivir, los escritores se han entregado tradicionalmente a los oficios más diversos: desde buscadores de oro a carteros, desde soldados de fortuna a industriales, desde contrabandistas de opio a fogoneros en un barco en China; conductores de autobús, verdugos, guardias, vendedores de bisutería… Malraux fue ministro; Jack London sobrevivió como cazador de ballenas en el Ártico. Colette abrió un salón de belleza y Orwell pasó de ser policía en Birmania a vivir lavando platos en Londres. Gorki trabajó como pinche de cocina en el Volga; Saint-Exupéry pensó toda su vida que su verdadero trabajo era el de aviador; e Italo Svevo dejó de ser un gran industrial para poder escribir: le bastaba concluir una línea para sentirse pagado.

Y sigue el magnífico trabajo de Impedimenta...

Comentarios

Isabel ha dicho que…
Yo creo que no es malo trabajar en otras cosas, al contrario. Lo malo es que te ocupe todo el tiempo lo que hay que hacer para sobrevivir...
sylvia ha dicho que…
Coincido contigo...de hecho, casi es algo inevitable...Además, ¿cuánto habrán aportado esos oficios a la escritura? Mucho, supongo.
Daniel ha dicho que…
Lo que es una pena es que muy poquitos puedan vivir de la escritura... pero es cierto que esta necesita de la vida real. Me encantan los trailers de Impedimenta: ¡quiero uno igual!
Un abrazo!
sylvia ha dicho que…
Creo que cualquier oficio que implique soledad en cierto grado (escritores, traductores, periodistas) debería compaginarse con la vida real (conclusión y tema que siempre abordamos entre colegas) :-) Vivan los tráilers de Impedimenta. Cada vez me gusta más esta editorial...