miércoles, 30 de noviembre de 2011

De Fiesta en la madriguera...



Fiesta en la madriguera
, una excelente y más que prometedora primera novela, es la crónica de un viaje delirante para cumplir un capricho. Cabezas cortadas, ríos de sangre, restos humanos, montañas de cadáveres. La madriguera está en México y ya se sabe: México a veces es un país magnífico y a veces es un país nefasto. Las cosas son así. La vida, al fin y al cabo, es un juego y una fiesta.


A Tochtli le gustan los sombreros, los diccionarios, los samuráis, las guillotinas y los franceses. Pero Tochtli es un niño y ahora lo que quiere es un nuevo animal para su zoológico privado: un hipopótamo enano de Liberia. Su padre, Yolcaut, un narcotraficante en la cúspide del poder, está dispuesto a cumplir todos sus caprichos. No importa que se trate de un animal exótico en peligro de extinción. Porque Yolcaut siempre puede. Tochtli vive en un palacio. Una madriguera recubierta de oro en la que convive con trece o quizá catorce personas: matones, meretrices, dealers, sirvientes y algún político corrupto. Y además está Mazatzin, su profesor particular, para quien el mundo es un lugar lleno de injusticias donde los imperialistas tienen la culpa de todo.
(Sinopsis de Anagrama)


Éstas son las cosas que se pueden esconder dentro de un sombrero de detective: el pelo, un bebé conejo, una pistola pequeñita de balas minúsculas y una zanahoria para el bebé conejo. Los sombreros de detective no son buenos como escondite. Si necesitas guardar un rifle con balas gigantescas no cabe. Los mejores sombreros para esconder cosas son los sombreros de copa alta, como los de los magos. En cambio los sombreros de detective son buenos para resolver enigmas y misterios. Yo tengo muchos sombreros de detective, tres. Me los pongo cada vez que descubro que están pasando cosas misteriosas en palacio. Y empiezo a hacer investigaciones, sigilosamente. No se trata de investigaciones que hago con Mazatzin, porque ésas las hago con los libros. En los libros no aparecen cosas del presente, sólo las del pasado y las del futuro. Ése es un gran defecto de los libros. Alguien debería inventar un libro que te dijera lo que está pasando en ese momento, mientras lees. Debe ser más difícil de escribir que los libros futuristas que adivinan el futuro. Y entonces hay que ir a investigar a la realidad.

Llegué a este libro a través de la recomendación de Ali Smith como uno de sus favoritos del año. Escrita por Juan Pablo Villalobos, mexicano residente en Barcelona, me encuentro con un relato en tres actos de apenas 100 páginas, con una voz bastante original y un autor que promete. Espero que en una futura novela, mi entusiasmo aumente y replique el de la autora inglesa. Recomendada si se busca una lectura de una sola tarde :-)

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