lunes, 15 de noviembre de 2010

De la mujer temblorosa...




Es difícil explicar ese miedo porque no sé de dónde procede. Tengo la vaga noción de que hay recovecos ocultos de mi personalidad que me cuesta explorar. Quizás esa sea la parte de mi ser donde se originan los temblores. Además, la intimidad médico-paciente que se establece en el psicoanálisis también me asusta. Siendo franca, abrir mi mente en su
totalidad me causa pavor. Mi analista imaginario es un hombre. Prefiero un hombre porque representaría para mí una figura paterna, un reflejo de mi padre cuyo fantasma estuvo presente de alguna manera en el origen de mis temblores. (La mujer temblorosa, en las primeras páginas)


A aquel o aquella que disfrute leyendo a Oliver Sacks, seguro que le gustará el último libro de Siri Hustvedt. La autora volvió a visitar Barcelona el otro día y demostró que no sólo su marido Paul Auster congrega un amplio público. Hustvedt dialogó con Óscar Vilarroya, investigador en la UAB (estuvo estupendo) y me da que hubo tan buena química intelectual que estaban deseando seguir a lo suyo: charlando apasionadamente sobre los misterios del cerebro. Luego, la autora se mostró encantadora, me volvió a firmar un ejemplar de su libro y quedó sorprendida cuando le dije que me había sido imposible encontrar una copia en su lengua original en toda Barcelona. A medida que Hustvedt hablaba, dudaba en si adentrarme o no en esta lectura. Al final lo hice y al terminarla, encontré lo que pensé que me iba a encontrar, lo cual me entristeció. Y es que sin conocerla, el modo de pensar de la autora me recuerda a algunas personas que se han cruzado conmigo. Personas a quienes les resulta más fácil buscar incansablemente las respuestas en los libros, en los expertos médicos, en las pruebas y más pruebas, para terminar casi donde empezaron: teniendo los mismos síntomas sin vislumbre de mejora. Eso sí, en algunos casos, con el premio de tener una satisfactoria 'etiqueta médica' a lo que les sucede. Muchos años padeciendo y eso es lo más inquietante. Personas que llevan años con migrañas, mareos, ansiedades, dolores de estómago... personas que buscan que otros (la ciencia) les den la mágica respuesta y remedio. Hustvedt en esta búsqueda hace un recorrido histórico-cultural-religioso apasionante (el libro se lee de un tirón), intentando saber por qué empezó a temblar un buen día mientras hablaba en público en un homenaje a su padre fallecido. Es un libro interesante, honesto, repleto de casos médicos fascinantes, pero a la vez es un libro triste, a mi parecer, porque me recuerda cuánta gente inteligente sigue viviendo en un remolino de síntomas psicosomáticos a los que no hay manera de enfrentarse. Aunque sea a nivel inconsciente, se 'prefiere' seguir con esos dolores físicos, forman ya parte de uno. Uno deja a la ciencia la (total) responsabilidad de lo que nos sucede. No digo que no haya que acudir a médicos, digo que nosotros tenemos un papel fundamental en nuestra mejora. También creo que todos en mayor o menor grado somatizamos y aunque al final siempre parece que hay una pastillita para todo (así es cómo Hustvedt, de momento, controla los temblores), mi pregunta es ¿hasta cuándo servirá la pastilla? ¿Acallará los temblores de Hustvedt para siempre? Ojalá... pero me permito dudarlo... Por suerte, la autora es muy consciente de ello, tal y como muestra en las líneas que encabezan este post. Me alegro que Husvedt haya compartido su experiencia, es un libro valiente y espero que al menos, haya resultado liberador y un poco sanador para ella.

Ketty Lester

8 comentarios:

Dante dijo...

Sylvia, una opinión muy acertada: cuando estudié Psicopatología, me fascinaba la lógica de la locura (porque resulta que la tiene)y encontraba fascinante el diagnóstico. Pero llevas razón, ninguna etiqueta soluciona el abismo al que se ven abocadas estas personas. No hay que olvidar que somos nosotros, y solo nosotros los que tenemos muchas veces la llave para empezar a mejorar.
Precioso post y recomendación. Un saludo
PD: Me ha quedado un poco auto-ayuda, el comentario. Con lo que odio yo la auto-ayuda...

sylvia dijo...

Gracias, Dante.

Sé que mucha gente no va a estar de acuerdo con este post pero quiero compartir lo que pienso y mi experiencia con este tema. Sólo quiero recalcar que a veces un 'trastorno mental' (sí, ya sé, estas palabras dan muuucho miedo) se disfraza de síntomas físicos, porque el cuerpo es sabio y es una forma de aviso... Y aunque no hay que dejar de acudir al médico, si este no da una solución, no hay que rendirse ante una etiqueta o ausencia de ésta, hay que seguir buscando soluciones...

Jo, cómo empiezo la semana para ser un lunes...he puesto la musiquilla pa'compensar...que conste en acta :D

raúl dijo...

tembloroso el baladón de ketty lester, también. fantástico.

Evánder dijo...

Se agradece que compenses con la música, jaja. Vaya tela.

Besicos!

silversroadnottaken dijo...

que bueno niña... cuanto se aprende con vosotros..:)

sylvia dijo...

Besos !

Supersonic-Man dijo...

Si ya lo decía Woody Allen....las dos mejores palabras del mundo no son TE QUIERO, si no ES BENIGNO.
Interesenate post.

sylvia dijo...

xD