sábado, 19 de julio de 2008

Los ríos perdidos de Londres...


...de Javier Calvo... (Again)

La chica tiene los ojos plateados. La chica que está sentada delante del televisor. La chica de ojos plateados era un bebé y recorría la casa semidormida en brazos de una de sus hermanas mayores cuando su madre le dijo por primera vez:
-No sé de dónde has sacado esos ojos tan raros -dijo la madre. Mirando a su hija con los ojos fruncidos-. No quiero hablar de eso.
Nadie sabe de dónde ha sacado sus ojos la chica de los ojos plateados. A lo largo de quince años, la chica de los ojos plateados ha oído a su madre transmitirle cientos de veces su inquietud por el origen de los ojos plateados. Ha oído a su abuela decirle que nadie en su familia tiene unos ojos que se parezcan ni siquiera remotamente a los ojos de la chica de los ojos plateados. Ha oído incluso que sus hermanas mayores alababan sin demasiado entusiasmo sus ojos plateados y acto seguido repetían de forma vagamente mecánica su sorpresa y también cierto grado de inquietud acerca del origen de los ojos plateados. Y por alguna razón, ese comentario transmitido de forma incansable y en sentido estrictamente inferior por las ramas del árbol matriarcal la reconforta. Por alguna razón que no sería capaz de explicar. Por alguna razón le parece lo más hermoso que le han dicho nunca.

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