martes, 15 de julio de 2014

De La niña que hacía hablar a las muñecas...



Puede que los cuentos sean tan crueles porque los escriben los adultos. O puede que nos lo parezcan a nosotros y que los niños disfruten con ellos, que sean su válvula de escape. Puede que si no existieran leñadores que abran en canal el estómago del lobo, sacan a Caperucita y a su abuela, rellenan el hueco con piedras y vuelven a coserlo, la infancia sería tan empalagosa e insoportablemente aburrida que todos los niños del mundo acabarían sucidiándose antes de su primera comunión.

Soy escritor. Mi mente no es mejor ni peor que la de los demás, pero está entrenada para ir almacenando cosas a las que pocos darían importancia. Vivo de recopilar toneladas de material de desecho por si algún día necesito recurrir a ellas: un gesto, un aroma, una sensación que tuve hace años. Puedo recordar al pie de la letra frases que oí viajando en el metro, que leí en un libro que alguien me prestó o escuché en una película mientras besaba a una chica.  

(Fragmentos de "La niña que hacía hablar a las muñecas", de Pep Bras)


Todas las reseñas que he leído de esta novela son entusiastas. Ahora entiendo por qué. Personalmente, me ha encantado. Pep Bras pone en el asador todo su buen hacer como guionista y crea una novela que lo tiene todo para hacerse un hueco en un buen número de lectores. Tras las primeras páginas, se hace evidente que sabe muy bien cómo enganchar al lector, dar los giros oportunos allí donde son más necesarios, crear personajes emblemáticos y aderezarlo todo con intriga, amor, misterio e incluso mitos y juegos metaliterarios. La verdad es que no sé cómo no está esta novela entre los más vendidos de ficción. Es una lectura perfecta para este verano en el que ya nos sumergimos. (Muy) recomendada queda...



domingo, 13 de julio de 2014

De Metamorfosis... en el CCCB



"El visitante de un gabinete de curiosidades tendría que salir de él metamorfoseado, renacido, porque se ha sometido a un ritual de iniciación. Al irse, el visitante del museo tendría que tener un conocimiento más amplio del mundo o más educación que al entrar." Jan Švankmajer

"Metamorfosis presenta la obra de cuatro figuras esenciales del cine de animación: el pionero polaco (nacido en Rusia) y afincado en París Ladislas Starewitch (1882-1965), el maestro checo Jan Švankmajer (1934) y los gemelos Quay (1947), nacidos en Pensilvania y residentes en Londres desde hace tres décadas. Tres filmografías singulares que, sin embargo, tienen mucho en común: un universo excéntrico, de duermevela, en el que conviven la inocencia, la crueldad, la voluptuosidad, la magia y la locura. Un paisaje inquietante, poético y lúcido, a veces grotesco y a veces fantasmagórico, de personajes que aman lo improductivo y lo fútil." (Web del CCCB)


A veces vale la pena estar en la sobresaturada ya Barcelona. Tengo un rato libre y por fin, me escapo a ver la exposición que desde hace semanas habita el CCCB. Se titula "Metamorfosis" y gira en torno a varias figuras del cine fantástico alternativo o desconocido, no sé muy bien cómo llamarlo.


Lo que me encuentro es un viaje inesperado y muy oscuro que empieza en la antesala de un bosque: no podría haber mejor principio. A continuación la exposición me descubre unos nombres que hace apenas unos días desconocía: Starewitch, Svankmajer y los hermanos Quay. Verdaderas maravillas discurren ante mis ojos: Alicia, mariposas disecadas, Poe, Gogol, Kafka, artilugios fantásticos...Miraba de reojo a unos niños franceses que recorrían esas salas... Espero que pudieran dormir esa noche, porque desde luego no es una exposición infantil :) Es, sin lugar a dudas, una de las mejores y extrañas exposiciones que he visto en los últimos años en BCN. Y eso es decir mucho... Con la entrada se puede repetir la visita, algo que seguro que haré este verano :-)




 
Metamorfosis spot // Germans Quay from CCCB on Vimeo.



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domingo, 6 de julio de 2014

La noche...

(Ilustración de Victoria Assanelli)


Pero tal vez más impresionante y misteriosa que la neblina era la noche. Quien no haya vivido las noches en el campo es muy difícil que pueda tener una idea completa del esplendor del mundo y, sobre todo, de su misterio. La noche no solamente era un espacio infinito que se desarrollaba en lo alto; la noche en el campo donde yo me crié (ese campo ya desaparecido y que sólo está en estas memorias) era también un espacio sonoro; una descomunal y mágica orquesta que retumbaba por todos los sitios con una gama de infinitos tintineos. Y el cielo no era un resplandor fijo, sino un incesante fulgor de matices cambiantes, rayas luminosas, estrellas que estallaban y desaparecían (después de haber existido por millones de años) sólo para que nosotros quedáramos extasiados unos segundos. ("Antes que anochezca", Reinaldo Arenas)